
Como para enterrar cualquier cuestionamiento sobre su convocatoria, como para respaldar la decisión de un DT que lo adora y que pretende que sea la bandera de su equipo, ahí está el Juan Román Riquelme que conocemos. Distinto, elegante, contundente, efectivo. Dos tiros libres, dos goles y todos los calificativos de admiración. Por la intervención de él, por la importancia de su pegada que abrió el partido, Argentina superó a un Chile repetido más allá de la cuota que pueda aportarle Marcelo Bielsa.
Riquelme patea el primer tiro libre y se copia a sí mismo. Remata desde el mismo lugar que en la Libertadores de 2000 le anotó a River (el arquero era Roberto Bonano) y tiene el mismo éxito que aquella noche. Sale a gritarlo con cierto aire desafiante, después sonríe. Tiene otra chance, acomoda y se percibe que es posible un nuevo gol. Bravo arma mal una barrera que no tiene altura y Riquelme vuelve a clavarla de manera brillante. Y se terminó el partido.
Chile es poca cosa. No ataca, no puede dar tres pases seguidos. Pega mucho ¿habrá sido una orden del impoluto Bielsa? Es desordenado, defiende mal. Argentina entonces tiene facilidades para llegar al área rival. Messi siempre intenta una de la suyas. Sueña con convertir tras arrastrar 4 o 5 chilenos a pura gambeta, pero no puede, choca, le pegan. El insiste, no le sale. Tiene buenas intenciones pero el fútbol es más que jugar todas al pie y por abajo, también puede haber una larga, un cambio de frente.
Cuando se pierde la pelota aparece el hombre que se comió la cancha: Javier Mascherano. Incansable, firme, ofensivo, defensivo, completo. Cada día más fenómeno. Argentina respira tranquila con su presencia más allá de algunos pocos (esta vez) desacoples defensivos.
Los dos tiros precisos del 10 fueron suficiente. Por más que se intentó algún gol más para endulzar a un público ya de por sí dulce, no se logra. Un factor influye: Argentina no tiene un delantero de área, un hombre gol. Carlos Tevez no lo es. Se esfuerza, lucha, se muestra, igualmente desentona. Javier Saviola es mejor opción para ese puesto.
Hay más para destacar. La voluntad y el empuje de un Maxi Rodríguez que no está al 100 por ciento. La aparición de Martín Demichelis. La entrega de Gabriel Heinze. La contracara es Javier Zanetti: no marca, no desborda, no vuelve.
Argentina ganó por el pie derecho de Riquelme, con eso le alcanzó. Con distintas individualidades le bastará también para clasificar a Sudáfrica con mucha comodidad. Pero es necesario contar con juego colectivo, que la Argentina sea un equipo. Lo importante es el Mundial, todavía falta mucho.
Riquelme patea el primer tiro libre y se copia a sí mismo. Remata desde el mismo lugar que en la Libertadores de 2000 le anotó a River (el arquero era Roberto Bonano) y tiene el mismo éxito que aquella noche. Sale a gritarlo con cierto aire desafiante, después sonríe. Tiene otra chance, acomoda y se percibe que es posible un nuevo gol. Bravo arma mal una barrera que no tiene altura y Riquelme vuelve a clavarla de manera brillante. Y se terminó el partido.
Chile es poca cosa. No ataca, no puede dar tres pases seguidos. Pega mucho ¿habrá sido una orden del impoluto Bielsa? Es desordenado, defiende mal. Argentina entonces tiene facilidades para llegar al área rival. Messi siempre intenta una de la suyas. Sueña con convertir tras arrastrar 4 o 5 chilenos a pura gambeta, pero no puede, choca, le pegan. El insiste, no le sale. Tiene buenas intenciones pero el fútbol es más que jugar todas al pie y por abajo, también puede haber una larga, un cambio de frente.
Cuando se pierde la pelota aparece el hombre que se comió la cancha: Javier Mascherano. Incansable, firme, ofensivo, defensivo, completo. Cada día más fenómeno. Argentina respira tranquila con su presencia más allá de algunos pocos (esta vez) desacoples defensivos.
Los dos tiros precisos del 10 fueron suficiente. Por más que se intentó algún gol más para endulzar a un público ya de por sí dulce, no se logra. Un factor influye: Argentina no tiene un delantero de área, un hombre gol. Carlos Tevez no lo es. Se esfuerza, lucha, se muestra, igualmente desentona. Javier Saviola es mejor opción para ese puesto.
Hay más para destacar. La voluntad y el empuje de un Maxi Rodríguez que no está al 100 por ciento. La aparición de Martín Demichelis. La entrega de Gabriel Heinze. La contracara es Javier Zanetti: no marca, no desborda, no vuelve.
Argentina ganó por el pie derecho de Riquelme, con eso le alcanzó. Con distintas individualidades le bastará también para clasificar a Sudáfrica con mucha comodidad. Pero es necesario contar con juego colectivo, que la Argentina sea un equipo. Lo importante es el Mundial, todavía falta mucho.







