Hace tiempo que la sección Grandes Milagros no forma parte de Partido al Medio. Hace tiempo, el protagonista de este post era un simple periodista deportivo, uno más. Ni bien llegó desde Bolivar, Marcelo Hugo Tinelli comenzó a trabajar en la famosa Oral Deportiva que lideraba José María Muñoz, por un salario no mayor al original “pancho y la Coca”. Cuando pudieron, Diego Maradona y su enemigo, Oscar Ruggeri, le recordaron que “había que darle una moneda para que se vuelva de los entrenamientos” o “para las pilas del grabador”. El hoy famoso Cabezón, logró crecer (una constante en su vida) en Radio Rivadavia, a base de esfuerzo y de saber contar los corners que le pedía el ¿gran? relator. Así sumó experiencia televisiva como columnista de Deportes del programa Badía y Cia que conducía Juan Alberto en Canal 13. Ahí mismo, en ese canal que hoy es su “casa”, el joven Tinelli tuvo su época como relator. Mucho “pum para arriba”, mucha pifia de jugadores, un tono pobre para narrar fútbol, y la oportunidad de transmitir por televisión en un momento en que no sobraban periodistas como en la actualidad. Tinelli, por ejemplo, relató la final de la Copa Libertadores 1986, el recordado gol del recordado Juan Gilberto Funes que sumó para que River levante su primer trofeo internacional. También llevaba adelante las Copas de Verano que producía la por entonces flamante empresa Torneos y Competencias. Todo esto hasta que se produjo el Gran Milagro: Telefé tuvo la brillante idea de producir un programa deportivo a la medianoche y le propuso la conducción a Gustavo Lutteral, un locutor que finalmente desechó el nuevo trabajo. La segunda opción que manejaba Gustavo Yankelevich, Gerente de Programación del canal que pertenecía a Editorial Atlántida, era ese relator del “pum para arriba”, flaco, alto, desgarbado y cabezón. En apenas 24 horas, Tinelli se mudó de Constitución a San Cristóbal. A partir de ahí, la historia es muy conocida: bloopers, panelistas que no sabían de lo que hablaban, risas, una voz femenina en off, Videomatch, Ritmo de la Noche, las Tinellys, el tiragoma, shows en vivo, invitados internacionales, la antinomia con Pergolini (que lo ayudó mucho), humor, chabacanería, cámaras ocultas, dinero, poder, rating, más dinero, Ideas, grasadas, Radio Del Plata, pase de canal, sociedad con el Grupo Klarín, regreso al 13, Cantando, Bailando, Patinando, Show, mujeres, gatos, “jurado de lujo”, “rodilleras”, y mucho más. Mientras todo transcurría, Tinelli siempre se mantuvo vinculado al deporte. Armó una cancha de fútbol 4 en un estudio para conseguir la primera vuelta de Maradona (post primer doping), en su Ritmo de la Noche. Su pasión por San Lorenzo lo llevó a empujar desde su “exitoso” programa al equipo que finalmente se consagró en 1995, a tal punto que aquel partido en Arroyito no finalizó por una invasión de público que él lideró. Su capacidad de marketing lo metió en el armado de un equipo de voley que es multicampeón. Trasladó la estructura completa de su programa a los 4 Mundiales que se disputaron desde su reinado televisivo. Recién cuando quiso, y no cuando se lo pidió Ruggeri, invirtió (no gastó) dinero en la contratación de jugadores para San Lorenzo, con tanto éxito que en apenas 5 meses el equipo dio una vuelta olímpica.
Pero, en verdad, el sentido del post pasa por otro lado. Pasa por tomar conciencia del verdadero poder de Marcelo Tinelli, ese que se hace carne cada 4 años.
Llama mucho la atención como un simple periodista, cronista de radio y de transmisiones deportivas, en 20 años se transformó en el hombre más poderoso, importante e influyente de la
Argentina. Nadie, ningún otro periodista cercano al fútbol, podrá conseguir lo que él consiguió.
Siguiendo la cronología, el 11 de mayo de 1995, Carlos Menem cerró su campaña presidencial por la reelección en El Show de Videomatch. Sonrisas, bromas y una entrevista informal sirvieron, según los analistas, para que el riojano retenga su corona con más del 50 % de los votos. Hoy Menem es parte del (peor) pasado, Tinelli sigue siendo Tinelli.
A fines de 2000, el por entonces Presidente, Fernando de la Rúa, también participó del mismo programa televisivo. Esa noche sucedió algo que nunca había pasado y que jamás se repitió: un intruso entró en escena para dirigirse al invitado. Esa persona, en cámara, tomó del saco al Presidente de la Nación y le reclamó por los “presos de La Tablada”. Cómo se vulneró la custodia presidencial y la privada de Ideas del Sur y Telefé, aún es un gran misterio. Faltaba más: un De la Rúa desorbitado, saludaría con nombre erróneo a la esposa de Tinelli y se despediría por el
lugar equivocado ante un director de cámaras que quiso mostrar la falsa salida. Algo estaba claro: Tinelli era capaz de ridiculizar en persona, en la cara, a un Presidente.
Tiempo después, cuando De la Rúa lo acusó tontamente de ser el eje de su caída, con tono desafiante, Marcelo Hugo le respondió en cámara con un “claro, porque lo del helicóptero fue parte de un sketch de mi programa”.
También en diciembre, pero de 2005, otro era el poseedor de las llaves de la Casa Rosada.
Néstor Kirchner, quien había participado de la inauguración de la tinelliana Radio del Plata, abrió las puertas del recinto gubernamental para armar un “gracioso” y patético sketch para Showmatch. Junto a un Fredy Villarreal caracterizado de De la Rúa, el Presidente prestó todas sus instalaciones para mofarse del ex. Sí, un Kirchner que no da notas en exclusiva a los medios argentinos, dedicaba su tiempo al humor de Marce.
La recta final del oficialismo, de cara a la presidencia de Cristina, comenzó con la foto esperada por el matrimonio K. “Acá estamos con Marcelo en Bolivar”, podrán decir. “Fue el día que hicimos la parodia de inaugurar un Polideportivo ya inaugurado para el que le tiramos varios millones a cambio de su imagen”, agregarían. Para cerrar con un “es que por sus 30 puntos de rating, siempre hay que estar bien con él”.
Presten atención: el Señor de los Bailando y los Patinando, está a la altura de los que se sientan en Balcarce 50. Ellos pasan, él siempre queda. Y el día que se lo proponga firmemente conseguirá calzarse la banda, y eso que no hablamos de la camiseta de River.
Pensar que arrancó diciendo “corner número… desde la izquierda patea…”.