miércoles, 15 de noviembre de 2006

El anillo tiene razón


La medida de la AFA, consensuada a nivel político, es simplemente un "parche" para que todo pase. Pasarán las definiciones de todas las categorías (sin hinchas visitantes), pasará el 2006, vendrá un nuevo año y quién se va a acordar de todo esto, si en la Argentina ya ni se habla de un desaparecido en democracia precisamente tapado mediaticamente con la violencia en el fútbol. Así es la historia. Algunos protestarán porque no pueden vender entradas, otros porque no pueden ir a la cancha de visitante, y Don Julio dirá desde su trono inmortal "ya está, querían medidas, ahí tienen".
¿Quiénes se benefician con todo este circo? El poder político, fundamentalmente de la Provincia de Buenos Aires que se mostró muy "vehemente" reclamando acciones inmediatas, cuando son los dueños de la peor policía del mundo, y que ahora dirán que ellos encabezaron la lucha contra la violencia. También la empresa dueña de los derechos de la televisación, que tal como siempre añoró tendrá la fecha completa en vivo por sus señales, justo cuando se había generado una situación de tirantez en la sociedad con la AFA. A propósito, es cierto como comentan otros blogs que varios medios del Grupo Klarín atacaron a Grondona en los últimos días, algo que también nos llamó la atención desde la tapa negra de Olé. Sin embargo no hacía falta prestar demasiada atención para darse cuenta que desde TyC Sports, Fútbol de Primera o algún programa de Torneos y Competencias, nunca se lo mencionó al Jefe, y que tampoco se pudieron escuchar voces indirectas de ataque. O sea, que nadie hable mal y que no aparezca ningún insulto a él. Consecuencia: tendrán más partidos en vivo para comercializar a todo nivel, en las 4 fechas que restán.
Para agregar al tema, vale aclarar que el único que desde un micrófono de TyC Sports despotricó contra Don Julio fue el Chavo Fucks, quien ya no era bien visto por los jerarcas de la señal por su perfil "agresivo". El Chavo fiel a su idea que manifestó en los últimos años, la mantuvo pese a que sabía que jugaba con fuego. Su salida del cable igualmente aún no fue confirmada, pero sí se sabe que fue excluido para 2007 del programa de la mañana y del que hace tras el último encuentro de la fecha, decisiones que fueron tomadas previamente a los dichos sobre Grondona.

3 comentarios:

pablo. dijo...

"Grondona se tiene q ir, y lo digo aunque a mi me cueste algun laburo"

Dicho por el chavo anoche en duro de domar... no se si es serio q lo diga en ese prog. pero mas claro imposible...

alhorno dijo...

Gracias Pablo

Anónimo dijo...

La violencia en los estadios de fútbol volvió a copar la agenda de los medios. Desde diversos ámbitos se pide a gritos una solución que acabe con este flagelo, pero la cuestión es compleja: involucra factores culturales, educativos, económicos y políticos. La primera medida que debería tomarse, sin embargo, es la de acabar con la hipocresía que reina en el ambiente de esta actividad deportiva.
Los futbolistas de Gimnasia y Esgrima La Plata se presentaron a declarar ayer ante el fiscal Marcelo Romero, que abrió una causa por “amenazas y coacción agravada” al enterarse de que un grupo de barrabravas les “sugirió” que fueran a menos en el partido que debían completar con Boca Juniors. Como era de esperar, los deportistas hicieron un pacto de silencio y ninguno admitió las apretadas recibidas.
Pese a que esta reacción colectiva no podía tomar por sorpresa a nadie, algunos medios y comentaristas deportivos se escandalizaron por la actitud de los jugadores, a quienes se responsabilizó de desperdiciar una oportunidad inmejorable que permitiera adoptar medidas inmediatas para comenzar a desterrar, al menos, la presencia de los barrabravas en las canchas. El diario La Nación, incluso, califica la conducta de los deportistas de “violenta”.
Ahora bien, ¿por qué hay tanta hipocresía en el fútbol? Los jugadores no son los principales responsables de los hechos de violencia que se desatan en gran parte de los estadios semana a semana. Está claro que tampoco son víctimas: la entrega de dinero a los cabecillas de la hinchada, por ejemplo, es una práctica habitual en los clubes. Pero los futbolistas no utilizan a los barrabravas como fuerza de choque en actos, concentraciones o disputas por espacio de poder. No son cómplices ni, mucho menos, patrones de los barras.
Si son atacados es porque constituyen el eslabón más débil en la cadena de responsabilidades que involucra en primer lugar a dirigentes deportivos y políticos, a la policía, a sindicalistas y a periodistas. A propósito, ¿alguna vez se ha puesto el ojo en la responsabilidad del periodismo?
Los mismos periodistas que en entrevistas y programas especiales les dan trato de estrellas a los barras son los que se rasgan las vestiduras por la actitud de los jugadores de Gimnasia. ¿Dónde se ha publicado alguna investigación que detalle con nombre y apellido el vínculo entre la barrabrava de un club y un dirigente sindical, político o deportivo? Al tratar la cuestión de las barras, el periodismo no pasa de la queja o de la nota de color: nunca investiga. ¿Será para no tocar intereses que lo comprometan? ¿Por qué las responsabilidades políticas siempre quedan a resguardo?
Esta situación trae a la memoria la ofensiva gubernamental que se desató contra el delito en el año 2004, con la presentación de un plan nacional de seguridad y el desembarco de León Arslanian en el ministerio de Seguridad bonaerense, luego del secuestro y asesinato de Axel Blumberg.
¿Qué sucedió entonces? Volvió a atacarse el eslabón más débil de la cadena. La articulación delito-policía-Justicia (en ocasiones)-política causante de la inseguridad que asolaba el Gran Buenos Aires no era ignorada por nadie. Sin embargo, el fusible que saltó más rápido y casi con exclusividad fue la policía. La reforma de esta institución era una medida necesaria, pero insuficiente: ¿o a caso a través de la explotación del juego clandestino, de la prostitución, de los desarmaderos y del tráfico de drogas no financiaba las “cajas negras” de los barones del conurbano, finalmente incólumes?
Si para atenuar la violencia en los espectáculos deportivos va a utilizarse el mismo criterio empleado para reducir el deterioro que el delito produce en la calidad de vida, entonces estamos fritos.