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viernes, 15 de junio de 2007

Campeón del Mundo

Es momento de hacer memoria y recordar aquellos tiempos en los que la NBA nos empezó a invadir. Michael Jordan era una figura universal, el mejor atleta del planeta, y aquí en la Argentina de un 1 a 1 flamante comenzaba a llover todo el merchandising de la liga de básquet más importante del mundo, se empezaban a producir programas (El Show de... , la Magia de...), nos enterábamos que al ganador de la liga lo denominaban Campeón del Mundo y que existía un anillo. También que ellos jugaban con otros tiempos y con otra altura. Nos familiariazábamos con nombres que antes eran desconocidos. Jordan, Pippen, Bird, Magic, Isiah, Charles, Bulls, Lakers, Celtics, Pistones, Suns, rookie, slam dunk, MVP.

Adrián Paenza nos enseñaba el juego y nos mostraba las 10 mejores. ESPN nos pasaba en vivo los partidos hasta en Navidad. Todos teníamos un favorito. O eras de Chicago, o de Los Angeles o de los Rockets. Gozábamos con el verdadero Dream Team.


Acá mientras disfrutábamos a Milanesio, Cortijo, al Loco Montenegro, al Pichi Campana. Y hasta estos dos últimos estuvieron cerca de pertenecer a la elite aunque sea por un rato. Pero no, no había lugar para ellos pese a que eran buenos en serio.


El tiempo fue pasando, Magic anunció que era HIV positivo, Jordan abandonó y luego volvió con la 45. Nuevamente la 23 y nuevamente los Bulls tricampeones. Un logro único.


Con los años aparecieron otros nombres. Los Shaq, los Rodman, los Allen, los Kobe, los David y Tim las Torres Gemelas de San Antonio que figuraban en la dedicatoria de Yo soy el Diego.


Así hasta que los dueños del circo abrieron las fronteras, le hicieron caso a la globalización y apareció otro nombre en esta galaxia: Manu. Trabajo argentino para la mejor liga de básquet del mundo. El pibe de Estudiantes de Bahía Blanca tras su escala en Europa, llegaba a la meca. No iba a ser fácil ni tampoco imposible. Era la hora de jugar y de mostrarse, y ahí estaba Ginóbili como novato, dando que hablar, haciéndose conocer y... ganando un título en su primer año.


Manu dejó de ser novedad para ser una realidad. Se hizo ídolo, conductor del equipo. Adorado por la gente de San Antonio, querido por sus compañeros, llegó la hora de otro anillo. 2005: año consagratorio para el bahíense en la NBA. Otra final ganada y una actuación inolvidable digna de MVP (premio al mejor jugador) pese a que fue Duncan el que se llevó el trofeo a su casa. No importaba Ginóbili estaba ahí.


Aunque no basta con llegar, hay que permanecer. Y se ve que eso Manu lo entiende a la perfección. Por eso volvió a hacer historia en un 4 a 0 contundente a Cleveland, con su "peor partido" en el 3er juego y con 27 puntos en el día decisivo.


Todo lo referido en los primeros párrafos ocurrió hace casi 20 años y seguramente a Ginóbili le sirvió para aprender e imaginar. En el almanaque ya está lejos, como lejos se veía la posibilidad de que un argentino sea partícipe de la gloria en ese mundo único. Aunque no sólo hubo lugar para uno, sino para dos. Fabricio Oberto saltó de sus jornadas históricas en el Cerutti a brindar con champagne en el The Q. Finalmente lo que ayer vivíamos como espectadores y admiradores, hoy lo sentimos como protagonistas.

En Estados Unidos, en el planeta NBA, Manu existe y reina. Si hasta entra, junto a sus compañeros Duncan y Parker, en la comparación con el enorme equipo que integraban Jordan, Pippen y Rodman. Salvando las enormes distancias para nosotros Ginóbili es Jordan. El nuevo Maradona.