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domingo, 8 de julio de 2007

Hubo un tiempo que fue hermoso

Hace muchos años, no existía la TV por cable. No existía TyC. Klarín se escribía con C y era un diario muy leido no aún la base de un imperio. No salía Olé ni se cubrían las Copas América con móviles en vivo ni cámaras en las piletas de los hoteles.

En aquella época la información deportiva se vivía a pleno una vez por semana con la salida en la calle de la revista que todo el mundo conocía y que estar en su tapa era un símbolo de prestigio, de orgullo. ¿Compraste El Gráfico? ¿Leíste tal nota? ¿Viste esa foto lo que es? Podía escucharse de los seguidores de una publicación que era mucho más que una simple revista. Era un placer tenerla.

Los tiempos cambiaron, la tecnología avanzó. El fútbol comenzó a televisarse, se abrieron otros medios. Ya no hacía falta esperar hasta el martes o hasta el lunes a la nochecita para ver qué se decía de algún partido o para vivir las fotos. Los mundiales no se vivieron más con El Gráfico en la mano. Internet, diarios, suplementos especiales, TV en vivo fueron dejando sin aire a lo que alguna vez fue una gran revista. También conspiraron las malas dirigencias de aquellos que hoy quieren ser presentados como "comentaristas radiales". La farandulización del deporte, el menemismo y la obsecuencia sumaron para destrozarla. Se fue Aldo, Torneos quiso brindar sus brillantes "ideas" que suelen terminar en fracaso y no falló. El Gráfico dejó de aparecer semanalmente en medio de la crisis más grande de la historia con una editorial del empresario Diego Avila. Una ironía.
Y así lo que era dejó de existir, aunque el nombre sigue vivo y hasta asoma tímidamente en algún frío rinconcito del puesto de diarios.

El Gráfico en los últimos 5 años sale cada mes con la intención de ser un (aburrido) compendio de lo que sucedió y con notas de tapa con protagonistas de "relieve". Lo que se publica suele ser insignificante. Nadie en los medios comenta lo que se escribe allí, alguna nota o información. No hay firmas importantes. Realmente da pena cuando se la tiene en las manos.

Con estos antecedentes, la edición de julio ha llegado al punto máximo de la tristeza: una entrevista de tapa a Fernando Gago, paga por una marca de ropa deportiva que quiere promocionar a su modelo y sus prendas. Una asquerosa publicidad con maquillaje de nota periodística. Una verdadera basura que demuestra donde quedó el prestigio de una revista que alguna vez se llamó El Gráfico.